Terapia de Conducto (Endodoncia)
Dentro de cada diente existen pequeños canales que van desde la parte superior del diente hasta llegar a la punta de la raíz. A estos canales se les llama conductos radiculares.
Todos los dientes tienen entre uno y cuatro conductos.
Muchas veces, los problemas dentales comienzan cuando una infección llega al nervio del diente, que está en el centro y contiene vasos sanguíneos, nervios y otros tejidos importantes. Si no se trata a tiempo, la infección puede avanzar hacia las raíces. También, un golpe fuerte puede dañar el nervio del diente y causar los mismos problemas.
Cuando el centro del diente está enfermo, lo más común es sentir dolor y sensibilidad. Pero también puede formarse pus dentro del diente, lo que causa un absceso, una acumulación de infección que puede ser muy dolorosa.
La terapia de conducto es un tratamiento muy eficaz. Se encarga de eliminar el tejido infectado, detener la infección y salvar el diente. Antes de que existiera este tratamiento, la única opción era extraer el diente dañado.
¿Cómo es el procedimiento?
El tratamiento puede hacerse en una a tres visitas al dentista. En la primera cita, el dentista hace un pequeño orificio en la parte superior del diente para llegar al centro. Luego, se retira el tejido dañado, se limpian y desinfectan los canales, y se les da forma.
Después, los canales se rellenan con un material especial que evita que regrese la infección. A veces, se coloca un relleno temporal mientras se espera la colocación de una corona para sellar y proteger el diente de forma permanente.
La mayoría de las personas que reciben una terapia de conducto no sienten dolor durante ni después del tratamiento, y pueden disfrutar de su diente restaurado por muchos años.
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